
Con, de Miriam Reyes, Premio Nacional de Poesía 2025, es un poemario preocupado por las conjunciones. Hay una creatividad que surge de las sumas que resultan en algo más que simples adiciones. Dos seres se multiplican. De alguna manera un nuevo mundo se abre ante ellos: la superposición de sus miradas como un milagro de la experiencia, lo que significa juntarse.
Esta odisea amorosa sucede en tres etapas más una coda o final.
- EXPECTACIÓN: siempre existe un momento previo al enamoramiento. La incitación a la aventura. Vislumbramos el bosque. Es frondoso, como los sueños. Nos preguntamos si guarda un tesoro. Quizás el autoconocimiento. Quizás hay una puerta que se abre. Nos fascinan los mapas invisibles. Y ahí es cuando nos perdemos.
- PELIGRO / TEMORES: La primera maravilla está en el reconocimiento del otro. Hay un abismo que nos separa del amor, exactamente la diferencia entre dos corazones, dos espíritus diversos. Quizás el deseo es la cifra de la posibilidad, una maniobra de acercamiento torpe y precisa. El lenguaje de la voluntad se pone en marcha y eso casi siempre tiene un precio. Surge el miedo ante las trampas, las pruebas. El espíritu se fortalece o desiste dependiendo de los poderes de seducción del discurso.
Porque todo amor es discurso. Esto es, una historia que puede conllevar un aprendizaje. De las conjunciones saltan chispas, universos que se abren. Es entonces cuando se ejecuta la alquimia. Aprendemos un verso nuevo. O bien caemos enfermos. O bien adquirimos la palabra. Una nueva ansia por narrar las ideas de cada quien, el relato de aquella persona que me mira y busca su propia caligrafía.
A veces no es tan fácil y entonces el bosque nos expulsa, como tantos espacios perdidos en el tiempo que no supimos habitar. El amor es también un ritual violento. Sus presas han huido a una distancia tan lejana y tan cercana como todos los instantes en que fuimos algo. Precisamente así, rompiéndonos, entra lo nuevo.
- CORAJE / LANCE. Ya estamos en lo más profundo del bosque. Las ramas de los árboles oscurecen la comprensión. Sin embargo, surge un pálpito en lo más hondo del ser. Ya no somos quienes fuimos. Seré, tal vez, yo. Me hago realidad al mismo tiempo que me encuentro en la mirada del ser amado. Estoy creciendo. Este es un asunto de la biología, de la conjunción de los astros, pero, sobre todo, del lenguaje.
- AL FIN (DEDICATORIA CELEBRANTE). La coda es la desembocadura del ser.








